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Filosofía

 

Los tres valores elementales         
Damián Galán
 

 

 

72 pp.

13 x 21 cm

 

 

Disponible en e-book y en papel en más de 60 librerías virtuales

de diez países

 

 

 

ebook ISBN 978-607-7963-14-1

U$S 5.00
 

 

papel ISBN 978-607-7963-13-4

U$S 12.00 (más envío)
 

 

 

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COMENTARIO

 

Damián Galán nació en Gdañsk, Polonia. Ya en su primera adolescencia, transcurrida en México, luego de una sentida pérdida comenzó a reflexionar sobre la vida. En esa época también se inició en la escritura para plasmar el resultado de una innumerable cantidad de observaciones acerca de las cosas del mundo, siempre evitando, en lo posible, caer en la subjetividad del absoluto “Todos vemos lo que queremos ver”.

A lo largo de los años y desde varios puntos del planeta abrevó de ciertas lecturas de interés general o temas filosóficos, pero fue en la filosofía popular donde encontró las respuestas que lo condujeron hacia su axiomático concepto del valor; una de las verdades en que se apoyó fue la de que “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”.

 Según se plantea en Los tres valores elementales —la vida, la conciencia y la conciencia de los demás—, “Un valor es todo aquello que tiene un significado o importancia en nuestra vida, que amamos o que nos hace felices”.

Actualmente, Damián Galán está inmerso en el estudio de la rama de la psicología conocida como psicocorporal, con el cual pretende ampliar los conceptos vertidos en este libro.

 

 

ÍNDICE

 

Prólogo, 9


Primer valor elemental: la vida, 15

Segundo valor elemental: la conciencia, 21

Tercer valor elemental: la conciencia de los demás, 37

Los valores secundarios, 53


Epílogo: el tiempo, 63

 

 

FRAGMENTO

 

 

Prólogo

En este libro quiero hablar de tres valores que todo ser humano desea y a su vez posee; aquellos que rigen su vida. Por ello los llamo valores elementales; y son la vida, la conciencia y la conciencia de los demás.

Hay, obviamente, muchos otros valores al margen de los elementales. Los llamaré valores secundarios. El dinero, el amor, el entendimiento y la fama son valores secundarios, pues todos se basan en los tres valores elementales, y hay miles de maneras de obtenerlos. De ellos hablaremos en un último apartado.

Antes que nada es preciso explicar lo que mi filosofía considera un valor; de lo contrario, sería muy fácil malinterpretar lo que quiero transmitir. 

Un valor es todo aquello que tiene un significado o importancia en nuestra vida, que amamos o que nos hace felices. Y es un valor porque lo atesoramos y apreciamos como invaluable. También debe definirse por su condicionalidad, ya que debe existir una cierta condición para adquirirlo, o bien, la posibilidad de adquirir su contrario: su antivalor, la falta o pérdida de tal valor. A la vez, entre más sustitutos tenga un valor, más irá perdiendo su condicionalidad; es decir, dejando de ser tal. No valoramos algo que es incondicional. 

Los valores que requieren muchas condiciones para ser adquiridos son los que nos proporcionan más felicidad, y la sentimos con el simple hecho de dar un paso que nos acerque al valor deseado. Asimismo, tener un valor único e insustituible nos brinda mucha felicidad. 

La infelicidad la produce la falta de un valor, perder un valor o adquirir un antivalor en su lugar. También, con sólo desear algún valor que no tenemos y que nos sentimos incapaces de adquirir o recuperar, es posible que seamos infelices. Claro, mientras más cosas consideremos valiosas, más difícil será alcanzar la felicidad, pero también mayor será nuestro grado de placer al tenerlas. Lo cierto es que, como se ve, sin valores ni la felicidad ni la infelicidad son posibles. 

Todo lo anterior se puede explicar con la ley de causa y efecto: para que algo tenga un valor (el efecto) tiene que haber una cierta condición específica para obtenerlo (la causa). Cuando se suprime la causa, se suprime el efecto. Asimismo, un valor (el efecto) que se obtiene sin esfuerzo (la causa) suele ser descartado por irrelevante.

Tomando como ejemplo el caso del dinero como valor, que en sí es muy complejo, ¿por qué los hijos de familias con mucho dinero suelen no valorarlo? Simple: porque ellos no se lo ganaron, no tuvieron que esforzarse para conseguirlo. Como para ellos no existe el antivalor —la falta de dinero—, lo desperdician como si no tuviera valor alguno. Es común que sean personas infelices aun teniéndolo. 

En cambio, quienes no lo despilfarran suelen ser hijos de padres que no les dieron dinero incondicionalmente, sino a cambio, por ejemplo, de alguna tarea doméstica simple, o bien lo hicieron cuando aquéllos ya conocían el valor del dinero a través de un trabajo remunerado. 

En el otro extremo están las personas “pobres”: para ellas un simple peso puede llegar a ser invaluable, porque marca la diferencia entre comer y no comer. Conocen las condiciones para conseguir dinero —el trabajo—, pero también las consecuencias de la falta de este valor: el hambre, la falta de un techo…

Pondré un ejemplo curioso para que se comprenda a cabalidad lo que digo: una pluma para escribir. Teóricamente, una pluma debería tener un valor inmenso al ser el medio por el cual podemos expresar nuestros pensamientos. Pero entonces ¿por qué nadie considera una pluma como un valor? La respuesta es que hay infinidad de plumas y tienen un costo material ínfimo. Basta con ir a la papelería de la esquina para tener una pluma nueva. Además, su antivalor —la falta de una pluma— es fácilmente sustituido por un lápiz, una computadora o hasta un pedazo de roca para grabar letras sobre otro. No es valorada porque las condiciones para conseguirla son insignificantes y hay cientos de maneras de remplazarla. En cambio, si nos viésemos en la necesidad de crear una pluma, su valor dependería del esfuerzo realizado.

 

 

 

 

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Damián Galán, México, filosofía, Servicios Editoriales, Editorial Balam, libros electrónicos, libros digitales, libros virtuales, librerías de México, editoriales de México, editoriales mexicanas, e-books, libros bajo demanda, libros "a pedido"


 

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